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¿Respetar a los demás hace que te rechacen en la escuela?

Actualizado: 8 sept 2025

Cuando tienes morritos a tu alrededor, ya sean tus hijos, tus hermanos, primos, sobrinos o hasta amigos más chiquitos que tú, es común (y correcto) preocuparte por que estén bien. Y una de las primeras y más importantes formas de enseñarles a cuidar su integridad es hablarles de consentimiento.


Platicar sobre el consentimiento con un niño es un reto. No solo se trata de que aprenda a decir sí o no. También implica ayudarle a reconocer qué es lo que realmente quiere, qué cosas forman parte de sus responsabilidades y cómo identificar situaciones que puedan ponerle en riesgo.


Las infancias no aprenden tanto de lo que les decimos, sino de lo que ven que hacemos. En algunas casas, preguntar qué quiere cada quien es parte de la rutina, casi como tener una brújula en Minecraft que siempre te da dirección. En otras, ese tema ni se toca, y hasta puede verse raro o débil preocuparse por lo que quiere el otro.


Y cuando llegan a la escuela, todos esos aprendizajes chocan: de una banca a otra, se encuentran realidades completamente distintas sobre lo que significa el consentimiento.


Los chavitos que en casa están acostumbrados a que los tomen en cuenta suelen llegar a la escuela preguntando y compartiendo: “¿puedo usar tu lápiz?”, “¿quieres que te cuente lo que hice el fin de semana?”, “¿me dejan jugar con ustedes?”. En cambio, los morrillos que en su día a día tienen que pel

ear por ser vistos o escuchados llegan con otra energía: son más competitivos, más entrones y, sí, hasta agresivos.


Si la vida fuera como un mundo plano en Minecraft, los niños que se preocupan por el consentimiento serían los más adecuados: tendrían tiempo y espacio para elegir la mejor reacción en cada situación. Pero la vida real se parece más a una partida en Survival difícil… y en muchas escuelas, hasta a un modo hardcore.


Con suerte, encontrarán a un compañero empático que comparta valores y educación; alguien con quien armar un server chiquito pero con una vibra de convivencia bonita. La mayoría de los niños, sin embargo, llegan acostumbrados a que la convivencia familiar es más bien un pvp: contra sus hermanos, primos, tíos y hasta con sus propios papás.


Y cuando nuestros niños acostumbrados al consentimiento llegan con ese chip, esperan el “sí” antes de actuar. Eso los hace moverse más lento, con menos posibilidades de entrar al juego social. Si no logran conectar con al menos un compañero, corren el riesgo de quedarse aislados… y de sentirse rechazados por los compañeros de partida que llamamos salón.


Esto ya es triste, y como papás nos duele imaginar a nuestros pollitos batallando para adaptarse: pasando el recreo solos o intentando socializar sin éxito. Pero lo más preocupante no es solo el aislamiento, sino el riesgo que implica. Porque los niños que buscan desesperadamente interactuar, y no lo logran, se vuelven muy fáciles de identificar… y también muy fáciles de manipular.


Los depredadores lo saben: con una falsa empatía pueden ganarse su confianza y aprovecharse de ella. Y si además ese niño vive con condiciones adicionales como neurodivergencia, discapacidad o cualquier otra situación que lo haga más frágil, es prácticamente como ponerle una diana en la espalda.


Por eso, igual que en Minecraft, donde necesitas conseguir recursos para mejorar tu equipamiento, debemos enseñar a nuestros hijos, hermanos, primos y hasta amigos que las herramientas iniciales no alcanzan para siempre. La brújula, por ejemplo, sirve al principio para recordarte dónde spawneaste. Pero conforme avanzas tienes que aprender nuevas técnicas y habilidades para moverte en mundos donde esa brújula ya no funciona.



El Nether o el End pueden ser tan peligrosos como la escuela o la calle. Y aferrarse solo a las primeras herramientas puede terminar en daños de muchos tipos: físicos, emocionales o psicológicos.


De ahí la importancia de enseñarles, además del consentimiento propio y ajeno, otras habilidades como defensa personal, asertividad y resiliencia. Eso les dará recursos para navegar mejor en sus relaciones sociales.


Como papás, solo podemos darles un pico y una espada de madera para arrancar la partida. Pero es nuestro deber enseñarles que, paso a paso, deberán construir sus propias herramientas de diamante.


1 comentario


cherryjvo
cherryjvo
12 sept 2025

Genuinamente si es un problema de adaptación de los niños que vienen de ambientes con buena comunicación y atención. Puede ser shockeante para el pequeño cuando se expone a la diversidad de crianzas. Es triste tener que prepararlos para un mundo hostil, pero desde mi punto más personal hay un cambio generacional importante el cual se está introduciendo; nuevas costumbres, formas de percibir la vida y de respeto. Aunque habrán personas que no estén tanto de acuerdo ya que si también hay una pérdida importante del sentido de responsabilidad tengo fe en que lo que prevalecerá son esos cambios que necesitamos en México.

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